Leo en Qué Leer: “No abandonamos Internet porque nos aturde el linchamiento al que fueron sometidos los teóricos del Nuevo DRAMA. Exista o no ese movimiento, acertados o no sus planteamientos, la mezquindad de la reacción no tuvo límite.”

También colocan al “movimiento” en el Purgatorio por su “esperpéntico nacimiento”. En el infierno está la muerte prematura de Félix Romeo, y en el cielo no me acuerdo.

Han pasado ya suficientes días de todo aquello como para que pueda sacar alguna conclusión en los puntos y las comas de esta cuenta atrás. He tenido tiempo de meditar, de poner cada cosa en la balanza, de preparar un opúsculo o un artículo o una declaración o una pataleta con pinta sesuda que deje en su sitio a los defensores y a los detractores, porque parece que lo único que faltó en todo aquello fue término medio y tranquilidad. La tranquilidad (e ingenuidad) con la que nos pusimos a hablar a periodistas que nos preguntaban sobre esta idea de la literatura sin afán de hacer grupo y mucho menos enemigos, sin la petulancia de la novedad ni el deseo de destacar.

Y cómo se interpretó en este mundillo literario dominado por la histeria de la escasez (que convierte en amenaza cualquier movimiento ruidoso) y la abominación de la etiqueta (totalmente comprensible)…

Sí, ahora que el ruido ha pasado (o eso parece) aquí está mi conclusión meditada, estudiada y sosegada de pionero: ¡vaya susto más inverosímil!

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