Quince días para que salga La conjetura de Perelmán, para dejar de ser inédito, para la ligera decepción o la tímida sorpresa ante las cosas que han salido mal o bien. Y he vuelto a Águilas, que es donde la escribí, y Águilas ha asentido cómplice con la cabeza, cabeza que está hecha de castillo sobre la montaña, de abuela Pepita Moreno en su casa, en la cocina de su casa, cabeza que está hecha de las comidas de mi abuela y de las bebidas de mi amigo Camy y el Casino, cabeza que siempre asiente.

Independientemente de cómo salgan las cosas hay un lugar que se llama casa. Esto es lo que parecen haber olvidado los que pelean en las piscinas de barro de la cultura. Parece como si toda esa gente no tuviera casa. Como si no tuvieran dónde descansar de tantos saltos de valla en la olimpiada sin medallas del horrible mundillo literario.

¡Qué bueno es descansar!

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