El problema mental más llamativo que tengo es que me creo las películas. Me creo los mecanismos de funcionamiento social e íntimo que suceden entre  los personajes de las películas. Esto no me empuja a hacer quijotadas como derribar un helicóptero con un coche de policía porque se me han acabado las balas, pero sí causa algunos nudos gordianos más sutiles en la biografía.

Viene por algo muy sencillo y elemental: tú estás sentado frente a la pantalla gozando como un puerco porque la cámara está mirando al lugar adecuado para que tú lo entiendas todo rápidamente. Aquí está encerrado mi problema con el cine, en la misma jaula donde vive el mono que maneja los mecanismos psicológicos de los personajes del cine. Aquí está mi problema mental. Un problema mental muy agradable de padecer, por cierto.

La gran diferencia entre las películas ficticias y la película real es ésta: la posibilidad de mirar justamente donde hay que mirar, y no me refiero al chapuzas del Nostromo que tiene detrás al Alien a punto de atacarle, sino al lugar donde Joe Gillis tendría que mirar para darse cuenta de que Norma Desmond está volviéndose loca por él.

Mirar al lugar adecuado es demasiado fácil en las películas. Observas a personajes enredarse en telarañas tejidas por el guionista mientras tu telaraña personal empieza a ovillarse a tu alrededor en ese mismo momento. O una semana antes. O hace un año.

Voy a rebobinar porque esto me interesa: los personajes de las películas no saben que las cámaras han echado a rodar. Siempre me pregunto qué estaba haciendo Marty McFly dos semanas antes de que Doc terminase su máquina del tiempo, o en qué andaba pensando Jesse (Before The Sunrise) cuando las cámaras se pusieron en marcha y él se abría camino despreocupadamente, por entre el vagón donde estaba Celine, hacia la historia de amor que convertía ese paseo despreocupado en una película. En un problema.

Cambio de cinta: uno puede protagonizar varias películas interesantes. Los autorrefrenciales sospechan que este fenómeno se da innumerables veces a lo largo de su vida. Olvidemos si están acertando o son unos presumidos. Esto es un blog. Esto es un ejercicio autorreferencial que da por hecho que alguien está mirando la pantalla. ¿En qué momento empezó a filmar la cámara? ¿Cuántos flashbacks serán necesarios para que yo mismo coja el hilo de lo que está pasando? ¿Cuántos episodios inesperados tendrán que aparecer todavía en el guión para que las cosas se solucionen?

Resulta que aquí, al contrario que en el cine, los problemas son amontonamientos y no una secuencia lógica. Resulta que si uno se cree las películas tanto como yo, si uno es tan estúpido y tan entusiasta delante de una película (grito, río a carcajadas, salto del asiento cuando veo una buena película) como yo, vive con la falsa sensación de guionista maquiavélico de que todo está yendo según se planeó. Y esta quiniela no es de las que se aciertan varias veces.

Uno no sabe si está en el planteamiento, el nudo o el desenlace de algo. Uno no sabe si las cámaras han empezado a rodar o todo esto son las llanuras cenicientas que se extienden años después del final feliz.

Hoy he fumado un paquete y medio de cigarrillos y he visto 30 capítulos de The Office. ¿Qué clase de película de mierda sería ésta?

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