Ayer: Poco que escribir, poco en qué pensar. Día de vivir el presente con todas esas cosas que componen la intimidad. Día de despedida tibia entre las sábanas, salto en avión de Barcelona a Sevilla, hoy día de amigos y de pasear por una ciudad que se empecina en mirar para otra parte cuando viene el otoño. Aquí la gente es, contra el tópico, mucho más educada que en el resto de España. La calle tiene un carácter muy bondadoso frente al carisma belicoso de Barcelona. Si Barcelona es una Galilea que espera el rayo que la destruya y limpie con fuego el vicio y la mala vida (lo que la hace tan divertida), en Sevilla vivo de frente la vida de provincias verdadera. Es como si la gente anduvierse dormida. Es como si en las terrazas sucedieran conversaciones donde las palabras no significan gran cosa.

Hoy: mañana lo escribo. He leído El refugio de la memoria de Tony Judt. Da que pensar sobre varias cosas. Mañana…

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