La inspiración es mentira. Tuve seis meses para hacer La conjetura de Perelmán porque en el momento de firmar el contrato con Ediciones B pensé que con más tiempo haría el vago, dejaría pasar las horas y los días, pensaría “todavía tengo tiempo” y convertiría la escritura en una especie de tarea procrastinable. Seis meses, cuando firmé el contrato hace algo menos de un año, era una cuenta atrás suficientemente severa como para salir por piernas a trabajar.

Como para pensar que no había nada mejor que hacer.

Al poco tiempo de empezar me eché una novia con la que terminé antes de acabar la novela. Concretamente una semana antes del plazo de entrega. Por culpa de este desengaño por poco no termino a tiempo, porque el calendario inflexible que me impuse se tambaleó con las idas y venidas del sistema nervioso, que estaba en aquellos días como una guitarra desafinada, una guitarra que lleva mucho tiempo soportado el peso de unas cajas. Pero gracias a esa chica tuve la novela.

Uno se pone a imaginar cómo reaccionaría su ídolo Grigori Perelmán en determinadas situaciones y se le ocurre una trama llena de misterio y elementos surrealistas. Pero para que una novela tome cuerpo y se convierta en un ejercicio dramático, en una exploración de la condición humana que es, como mínimo, lo que debería ser cada novela (al menos en una pequeña parte) hacía falta eso que se dio en llamar experiencia. Yo había escrito tres novelas cortas seguidas y mis experiencias estaban bastante quemadas. Pero llegó aquella chica y se fue, y en este lapso el documento de word creció y devoró todo como una planta carnívora.

Ella es la protagonista real de la novela. La disfracé de americana y la sometí a pruebas muy duras mientras los dedos trazaban sobre el teclado un TAC de su cerebro. Porque al final escribir una novela también sirve para entender a alguien que no has comprendido.

Ah, y lo de la inspiración, sí, es mentira. Trabajando todos los días hay páginas más afortunadas que otras, pero quiero arrojar una definición de inspiración nueva: ausencia de excusas para escribir.

Eso estaba pensando hoy, lluvioso en Barcelona, a 27 días del deadline de la inedición.

Pd: Inspiración, ese invento de un escritor cocainómano.

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