Hoy he pensado mucho en el dinero. Lo malo, lo único malo de ser pobre, de ser pobre con amigos, de ser pobre rodeado de gente que puede pagarte el tabaco y la comida y los otros vicios, es que tienes que pensar en el dinero. Pobre es quien piensa en el dinero y en este momento soy tan pobre que pienso en el dinero: en las formas de conseguir esa materia que no existe y se convierte en materia que sí existe, eso, eso es el dinero, cinco euros son lo mismo que cinco mil pero con cinco mil tienes muchas más cosas que con cinco. Y con cinco mil piensas mucho menos en el dinero.

Hoy iba por la calle y miraba los platos de los mendigos. E iba con las últimas monedas (1,35 euros) en el bolsillo y miraba los platos de los mendigos y todos (TODOS) tenían más que yo. He tirado mis últimas monedas a un mendigo que ha pasado a tener mucho más que yo, porque yo no tenía nada, y luego me he convertido en el Ferrán Adriá de las finanzas haciéndome una transferencia de una cuenta ING a otra para que hubiera 1,75 euros en la tarjeta y así poder pagar el billete de metro.

Pero aquí estamos, Astur, María, Rodrigo y yo muy borrachos y alimentados y puestos y no he tenido que pagar nada. Tengo amigos y tengo una novia y tengo mucha suerte porque aunque yo no tenga dinero habrá quien me pague los vicios. Se trata de gente que piensa, como yo: ya conseguirás dinero.

Y parece como si ser pobre no fuera tan importante. La pobreza es contraria a la mediocridad. Pienso en mis compañeros de oficina que seguramente siguen allí luchando contra el despido por sorpresa y temiendo por su puesto y trepando en la medida de lo posible y me da risa. Risa, risa porque yo dejé el trabajo en tiempo de crisis como en esa novela tan buena, Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio de María Sirvent en la que la protagonista intentaba desesperadamente ser despedida. Y quiero escribir sobre un tipo que deja el trabajo y decide ser pobre.

Y sólo sé que la novela empieza con esta frase: ¡Soy pobre!

Hoy ha sido un día de pensar en el dinero. Esto es lo que hay. Qué ganas tengo de dejar de pensar en el dinero. Pero es muy bonita la palabra dinero. Incluso suena bien.

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